A seguir un pequeño listado, no jerárquico, de las cosas que realizamos, a veces con más cotidianidad de la debida, y nos hacen sentir un poco menos inteligentes.
Esas cosas que nos hacen dudar que merezcamos estar en lo más alto de la escala biológica (nota: esta escala fue creada por nosotros, lo seres humanos, si…los mismos que se colocaron en el tope de la misma, yo no se que opinará de esto un bicho bolita, pero para mi es, al menos, un poco tendencioso).
De ahora en más expondré mis, actos, reacciones y actitudes, que durante o despúes de haberlas realizado me hacen sentir un estúpido.
Digamos que este es un acto de introspección y exposición, no digo grandilocuente, pero si importante.
No cualquiera admite que tiene momentos de estúpido y con esto no busco vanagloriarme sino ser honesto e invitarlos a ustedes a realizar su propia lista.
Es muy sano conocerse un poco más(gracias a mi terapeuta que me hace sentir autocomplacencia en este momento, sin ella no sería lo que soy y sin la gente de la que hable con ella tampoco, a todos ustedes, muchas gracias).
Notarme haciendo fuerza y apretujando a los pobres botones de goma, del control remoto en lugar de cambiarle las pilas.
Que me hace pensar a mí que haciendo más fuerza voy a lograr cambiar de canal, subir el volumen o realizar alguna de las otras tareas que tan noble aparato nos brinda?
Ya es el colmo del sedentarismo, no somos capaces de salir a comprarle un par de pilas al aparato, que para mi gusto, representa el símbolo del sedentarismo.
Hay algo más sedentario que estar tirado en el sofá, con pantuflas, pijama y el control remoto en el pecho cambiando de canal sin tener que mover más que una de nuestras falanges? (Cada dedo, con excepción del dedo pulgar, consta de tres segmentos óseos: La falange. El pulgar presenta solamente dos. Se designan con los nombres de falange proximal, media y distal.¹ Estúpido, pero informado).
La respuesta es, si, hacer lo mismo pero acostados en la cama y con la frazada hasta la pera.
Es importante resaltar, el carácter cíclico que tiene en mí este sentimiento ya que cada vez que estoy cual troglodita aplastando un caucho me digo, “tengo que cambiarle las pilas”.
El viejo y poco querido, “me estás saludando a mi?”.
A quien no le ha pasado, de andar caminando por la calle y en una esquina, cuando nos encontramos quietos (porque siempre me pasa cuando estoy quieto esperando algo y nunca cuando estoy caminando, no se por que, pero es así), prontos para cruzar la calle, alguien en la acera de enfrente nos mira y se sonríe.
Me ha pasado varias veces, y en esos momentos me pregunto, “es para mi?” pero no me señalo a mi mismo como preguntándole al emisor del saludo si yo soy el receptor de dicho gesto, sino que me lo pregunto a mi y por lo tanto la interrogante continua.
Me quedo mirando a esa persona, que sigue sonriendo y mirándome fijo.
Ahí es cuando me entro a poner nervioso, “quién es, lo conozco?”, “me tengo que acordar quien es, voy a quedar como el culo”.
Las miradas continúan, el individuo que saluda comienza a sumar ademanes gestuales a su sonrisa y mirada.
En el exacto momento en que me convenzo que el saludo es para mi y que me dispongo a retribuirlo levantando mi brazo y colocando en mi rostro una sonrisa, que si existiera un traductor de sonrisas diría “quien carajo sos?”, noto que el saludo es para una persona que esta atrás mío.
El tener el sentimiento de que muchas personas vieron lo que paso (es casi el mismo sentimiento que uno tiene después de levantarse de una caída en la calle, pero peor).
El sentimiento de frustración, porque a esta altura de los acontecimientos ya tenía ganas de fundirme en un abrazo con esa persona.
Todo eso sumando me hace pensar que nunca más me debo de quedar quieto en la calle.
Me declaro un estúpido al intentar abrir los sayet´s (o como carajo se escriba, a esta altura no me voy a andar preocupando por el nombre de pila de tal nefasto invento) de: Shampoo, Mayonesa, Ketchup, Crema de Enjuague (un poco metro sexual, pero honesto).
No puedo, son mejores que yo, un sobre de plástico me gana por robo, no aguanto ni dos round´s, me la encajan en la trompa mientras estamos chocando los guantes.
Uso todos los medios que tengo a mi alcance (menos una tijera, nunca esta a mi alcance al momento de abrir a uno de esos packaging creados por el mismo lucifer), primero intento con los dedos, después paso a las uñas y por último, sabiendo que el final será nefasto, lo llevo a mi boca (cual niño, de hasta 3 años de edad, en pleno auge de la pubertad oral).
Me siento un estúpido al lograr abrirlo y sentir el Shampoo para cabellos normales en mis papilas gustativas.
(También podría hablar de mi lucha con los, mal llamados, “abre fácil” pero esto merece un capítulo a parte, que resumiendo constaría de un sin fin de insultos a los fabricantes de los productos que cuentan con ese maléfico sistema de apertura)
Cuando noto que mi departamento de logística (con departamento de logística me refiero a: esa cosa que dicen que es gris que esta dentro de nuestra cabeza y donde algunos “expertos” dicen que reside la memoria) no entiende sus funciones.
Me he descubierto, en varios momentos (lamento decirlo), entonando la letra en-te-ra de una canción del estilo de “Soy una mujer normal una raza blanca de metal. Pero en este amanecer el dolor me vuelve de papel. Camino bajo el sol pero es invierno en mi corazón, así estoy yo desesperada porque nuestro amor es una esmeralda que un ladrón robo…” (Si, Desesperada de Marta Sánchez), mientras no puedo recordar donde deje el celular que tenía en la mano hasta hace 3 minutos.
Ampliaremos.
¹ Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Mano