28 de agosto de 2011

Engañados en la infancia.

Les quiero contar un secreto: Ultratón... no existe. Es un medio tanque con un enano dentro que interpreta el papel de Ultratón. Además el pobre está encasillado, por lo menos no lo vi hacer ningún otro personaje.

Es que de niños vivíamos engañados. Y nuestros padres eran los principales responsables. No dudaban en recurrir a cualquier mentira con tal de conseguir sus objetivos.

Por ejemplo, a la hora de la comida. Si vos no querías comer, te intentaban hacer creer que la cuchara con el puré de verduras era...un avión. ¡Un Avión! ¡Que comparación más inteligente! De hecho creían que lo único que le faltaba para que nosotros lo nos lo creyéramos, era el ruido del motor. Y ahí los veías BRRRRRRRRRRRRRR.

Claro. Es que pensaban: “Si el niño no quiere comerse un poco de puré... Seguro que se come un avión”. Además te hacían responsable de la buena alimentación de toda la familia:”Esta por papá. Esta por la abuela. Esta por la tía...mejor por la tía no que esta como una vaca, ademas se pone esa ropa violeta con lunares blancos y lo único que logra es que en la calle le griten ¡Buena Milka! ¡ Tirate un chocolate, vaca caleidoscópica!Esta por el cartero...” Osea, tenías que comer por todos...menos por la tía.

A veces sus mentiras lograban lo contrario a lo que se proponían. Por ejemplo, para conseguir que nos durmiéramos se inventaron las canciones de cuna. Pongámosle que la música era apropiada, pero la letra. Como esa que decía: “Duérmete niño. Duérmete ya. Que viene el Cuco y te comerá...” Y vos:”¿Cómo? ¿Qué va a avenir quién? O sea que después de esta información ¿Vos queres que yo me duerma?” Claro te pasabas toda la noche con los ojos abiertos, como el dos de oro. Y te decías: “Ya que va a venir el Cuco... ¡Por lo menos que me encuentre despierto y le doy algo de pelea. Que me coma,pero con dignidad!”

Cuando nos llevaban al médico también usaban el engaño. Y te decían cosas como: “No seas bobo, si no te va a doler...” Además te decían “No seas así, vas a ver que al final el doctor te regala un chupetín” “!¿Un CHUPETIN?! ¡Pero porque no me lo dijiste antes! ¡Rápido! ¿Qué espera? ¡Hágame una traqueotomía sin anestesia! ¡Un chupetin! Si me da una bolsa de caramelos dono mis órganos.

Cuando terminaba la consulta, el medico te decía: “Como te portaste bien, esto para vos”. Y lo que te daba era el palito de madera ese, con el que te dicen “abrí grande y deci AAAAAHHHHH” te lo regalan, todo chupado, un asco. Y encima tu madre te miraba y te decía: “¿Qué se dice?” “¡AMARRETE, MUERTO DE HAMBRE! ¿Qué hiciste con el resto del helado?”. ¿Qué esperaban que dijéramos? “Gracias. Cuando llegue a la escuela los voy a babosear a todos con este palito.”
”Que grande tu médico te regalo el palito. Te lo cambio por mi playstation.” ”¿Nos dejas jugar a nosotras con tu palito?” La popularidad por las nubes gracias a un palito.

Otra técnica que empleaban los mayores para engañarnos era la de asociar algo que no nos gustaba con algo que nos gustaba mucho. Con esta idea se inventaron los juegos educativos. Y es que ¡Qué manía con que aprendiéramos jugando! Que la pelota de playa mapamundi. Que los lápices con las tablas de multiplicar. Que el puzzle de Uruguay por departamentos...uno de los puzzles mas aburridos de la historia, solo 19 piezas.

Nuestros padres tomaban nota de esa idea de asociar algo bueno con algo malo y te sorprendían diciendo cosas como: “Vamos a jugar a ordenar tu cuarto”, “¿Vamos a jugar a ordenar tu cuarto...?” Es como si te aproximaras lentamente a tu pareja y le susurraras dulcemente al oído: “Vamos a tener una noche de pasión desenfrenada mientras me planchas los pantalones”

Y como conclusión, la frase con la que los padres ponían fin a todas nuestras preguntas. “Papá ¿Por qué los padres hacen estas cosas tan raras?” “Cuando seas mayor lo entenderás”...
Bueno, en eso también nos mintieron.

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